viernes, 27 de enero de 2012

¿Infantilismo?

Hay gente que tiene compañía de sobra. Otros tienen mascota. Otros no tienen absolutamente nada.
Yo tengo un peluche. Adelante, pueden reírse señores y señoras. La mayoría de gente me mira raro o se ríe cuando les cuento que no puedo dormir sin ese peluche. Creo que no alcanzan comprender que, detrás de este apego incondicional por un trozo de trapo relleno, se esconde algún trauma infantil.
No quiero ningún psicólogo que me ayude a despegarme de mi muñeco.


A día de hoy, este muñeco tiene casi 19 años. Sí, tantos como yo. ¿Alguien puede percibir qué significa eso? Son más de 6500 noches durmiendo conmigo, apartándome de la oscuridad, calmando mis nervios, saciando mis miedos, secándome las lágrimas. Más de 6500 días y noches en los que me ha visto crecer, ha visto mis verdaderas virtudes y mis más temibles y secretos defectos, ha visto lo bonita que me puedo llegar a poner y lo bonita que ya soy. Este simple trozo de trapo relleno me ha escuchado sin rechistar, sin juzgar, sin irse. Me ha ofrecido la suavidad de sus abrazos y sus caricias, ha aguantado todos mis llantos, ha sufrido todos mis enfados, ha disfrutado con todas mis alegrías y me ha esperado cada segundo de mi vida.
Y está hecho polvo. Ni siquiera tiene sonrisa, ni siquiera tiene ojos, ni siquiera tiene aquellos colores tan vivos que tenía al principio, ni siquiera tiene ese tacto tan suave. Pero resiste. Tiene mil puntos débiles, pero aguanta. Aguanta y sigue estando encima de mi cama cada vez que llego a casa. Pudiéndose romper, perderse, quedarse "olvidado" en alguno de los tantos destinos en los que me ha acompañado... pudiendo, aquí lo tengo, en mi hombro.

Y si lo tiran por un balcón y corro como jamás me han visto correr para ir a por él, no es por mero infantilismo. Y si tuve que poner toda mi voluntad y todo mi sentido común para no tirar por ese mismo balcón al autor de dicho acto, no es por mero infantilismo.
Y si, cuando está a punto de darme un chungo por haber bebido demasiado y no poder respirar por estar borracha y cabreada, oyes a mi amiga decir "el muñeco, quiere el muñeco", no es por mero infantilismo. Y si amenazo (porque lo hago) al que pretende jugar con mi muñeco, no es por mero infantilismo.



Vuestras risas no me ofenden, pero quizás os podría aconsejar que conozcáis las reglas del juego antes de tirar los dados.
No he tirado a nadie por el balcón, todavía. Pero todo el mundo sabe que no se juega con fuego.

2 comentarios:

  1. Es algo que ni juzga y que sabe escuchar, que lleva tanto tiempo contigo que ya es como una parte de ti, no permitas que nadie se ria de algo tan valioso como eso.

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  2. Exacto, es algo muy valioso para mí, no es ninguna tontería, como me dicen tantos.

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