viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Fue demasiado?

¿Eran tiempos oportunos?
¿Debí seguir sin intentar conocerte?
¿Estuvo bien que quisiera aliviar mi curiosidad?
¿Me equivoqué al entrar en tu vida?
¿Es correcto que me dejara llevar, que confiara?
¿Metí la pata al dar otra oportunidad a mi corazón?
¿Acaso fuimos muy rápido?
¿Hubiera sido mejor si hubiera dado la espalda a lo que sentía?
¿Es que era necesario que te diera aún más de mí?
¿Di demasiado?
¿Te asusté?
¿Crees que el miedo de ambos impedía que avanzáramos?
¿Hice mal apartándome y dejándote que me medio olvidaras para no interferir en tu felicidad...?


¿Eres consciente de esta situación...?
Duele... Es confusa, molesta... Duele.
Y ni el mínimo intento por recuperar lo perdido apacigua cuán degradado está nuestro vínculo.. lo que nos unía, lo que nos daba ganas de hablar hasta no poder más, lo que nos incitaba a buscarnos, lo que nos hacía confiar el uno en el otro... Cuán destrozado está..
¿A ti no te duele...?
Mejor si no lo hace, no quiero que sufras más. Pero, aunque fuera egoísta.. tampoco quiero sufrir yo...

miércoles, 21 de diciembre de 2011

"Mamotte ageru..." (1)



Ella era una chica con el corazón destrozado, que había perdido confianza
tanto en los demás como en ella misma. Pero nunca dejó de ser una
chica risueña a la que le encantaba divertir y ayudar a los demás.
Él era un chico con el corazón hecho trizas, incapaz de sentir nada por nadie
más. Era solitario, autosuficiente y caballeroso como pocos quedan.
Y algunos le odiaban y envidiaban, pero muchos otros le admiraban y respetaban.

Se conocieron una tarde de primavera. Entre tantos colores, destacaba un
misterioso caballero de oscura armadura. Ella sujetaba un ramo de margaritas
que acababa de recoger por el camino y, al quedarse mirándole,
algunas se las llevó el viento, dejando maltrecho el ramo que había
conseguido. Él, tan amable como siempre, no dudó en recogerlas, evitando
perder más que un par. Se las volvió a ofrecer pero guardó una para
ponérsela a ella en el pelo. Y fue desde ese momento en el que empezaron
a conversar y construir una bonita amistad.
Quizás las cosas fluyeran de forma diferente para ellos dos. Cada uno tenía
su pasado y eso les impedía prosperar como sus corazones más deseaban.
A pesar de todo lo sufrido, veían el uno en el otro cuán distintas podían
ser las cosas si se unieran, si recompusieran sus corazones con
ayuda del otro. Pero por miedo, entre otras cosas, ninguno logró llegar
tan lejos como hubieran podido.


Aun así, nada pudo callar el corazón del chico
aquel día y, tras buscar la inquieta mirada
de su amada damisela, le dedicó una
dulce sonrisa, de las que solo ella podía disfrutar
y le acarició la mejilla, susurrándole:
"Yo te protegeré..."
Pero su expresión parecía no creer sus
sinceras y decididas palabras...
"¿Acaso no me crees
cuando te digo que te
protegeré hasta
el fin de mis días...?"
Su corazón y conciencia nunca la dejaba tranquila y
siempre la atormentaban impidiendo que pudiera
confiar en palabras tan comprometidas como aquellas.
Pero sentía que él no era como los demás, que él no iba
a fallarla. Y confió en sus palabras.

Meses más tarde, el caballero
de armadura oscura andaba
por su usual sendero regreso a casa.
Para su sorpresa, su amada estaba
tendida en el suelo, envuelta en
margaritas. Así la habían dejado
aquellos hombres que la encontraron.
Años atrás ya andaban tras ella y querían aprovecharse
tanto de su bondad como de su condición de mujer. Y no
dudaron en robar sus pertenencias y seguirla cuando huyó,
terminando por perder la vida entre indecente, inmorales y
obscenos actos.

Él no daba crédito a lo que sus
ojos le mostraban, pero así era...
Se maldijo por no haber sido capaz
de cumplir su promesa de protegerla... y jamás se lo pudo perdonar.




"¿Acaso no me crees
cuando te digo que te
protegeré hasta
el fin de mis días...?"

"Mamotte ageru..." (2)


Ella era una chica con el corazón destrozado, que había perdido confianza
tanto en los demás como en ella misma. Pero nunca dejó de ser una
chica risueña a la que le encantaba divertir y ayudar a los demás.
Él era un chico con el corazón hecho trizas, incapaz de sentir nada por nadie
más. Era solitario, autosuficiente y caballeroso como pocos quedan.
Y algunos le odiaban y envidiaban, pero muchos otros le admiraban y respetaban.

Se conocieron una tarde de primavera. Entre tantos colores, destacaba un
misterioso caballero de oscura armadura. Ella sujetaba un ramo de margaritas
que acababa de recoger por el camino y, al quedarse mirándole,
algunas se las llevó el viento, dejando maltrecho el ramo que había
conseguido. Él, tan amable como siempre, no dudó en recogerlas, evitando
perder más que un par. Se las volvió a ofrecer pero guardó una para
ponérsela a ella en el pelo. Y fue desde ese momento en el que empezaron
a conversar y construir una bonita amistad.
Quizás las cosas fluyeran de forma diferente para ellos dos. Cada uno tenía
su pasado y eso les impedía prosperar como sus corazones más deseaban.
A pesar de todo lo sufrido, veían el uno en el otro cuán distintas podían
ser las cosas si se unieran, si recompusieran sus corazones con
ayuda del otro. Pero por miedo, entre otras cosas, ninguno logró llegar
tan lejos como hubieran podido.


Aun así, nada pudo callar el corazón de la chica
aquel día y, tras buscar la solitaria mirada
de su amado caballero, le dedicó una
dulce sonrisa tan típica suya y le acarició
la mejilla, susurrándole:
"Yo te protegeré..."
Pero su expresión parecía no creer sus
sinceras y decididas palabras...
"¿Acaso no me crees
cuando te digo que te
protegeré hasta
el fin de mis días...?"
Él era fuerte, valiente y no solía necesitar ayuda alguna.
Él era siempre el héroe, así que, aquel día, solo
asintió para agradar a su amada, pero seguía
convencido de que era él quien debía luchar.

Meses más tarde, el caballero
de armadura oscura andaba
por su usual sendero regreso a casa.
Para su sorpresa, su amada estaba
tendida en el suelo, envuelta en
margaritas. Así la habían dejado
aquellas mujeres que aceptaron su
trato:
"Podéis llevaros mi vida si eso os tranquiliza.
Podréis alcanzar su corazón sin que alguien como
yo os lo impida. Pero a cambio pido que le libréis
de vuestros hermanos, pues sé que planeaban matarlo
por odio y envidia."

Él no daba crédito a lo que sus
ojos le mostraban, pero así era.
Se maldijo por tomar tan a la
ligera sus palabras... y jamás se lo pudo perdonar.




"¿Acaso no me crees
cuando te digo que te
protegeré hasta
el fin de mis días...?"

lunes, 19 de diciembre de 2011

React...

Tirar a la basura meses y dinero. Qué genial sensación.

Lessyen: ¡Eh, tú! ¿Qué coño te pasa, tía? ¿Qué coño haces?

No lo sé... Estoy perdida y confusa...

Lessyen: ¡Haz algo, imbécil! Quieres dejar de ser una puta cría pero todavía te chupas el dedo, joder. ¡¡¡¡Reacciona!!!

Sigo perdida... no sé qué pasa, ni dónde, ni cuándo. No sé...

lunes, 12 de diciembre de 2011

Mi último suspiro.

¿Qué tiene Madrid? Luces por todas partes, lugares a lo grande, pistas de hielo en medio de la calle, muchas paradas de metro, mucha gente… 
Nah, Madrid les tiene a ellos. Madrid no sería nada especial si no fuera por ellos. Y por esas personas que se unen a ellos desde Granada, Albacete, etc. Tiene la comodidad y confianza de mis amigos, la comprensión y el sacrificio, las sonrisas y las lágrimas, el alboroto y el silencio. 
Y qué corta se me ha hecho esta semana… Pero ha sido de las mejores de mi vida. Y he descubierto más de aquellas personas a las que nunca había tenido oportunidad de ver en un cara a cara. Al igual que a una en especial… de la cual me llevo más sonrisas que lágrimas. Me llevo sus conciertos en el coche, su olor, su ligero sabor, su calor, sus abrazos, esa última noche, su mano en mi espalda, hombro, brazo y mano, su voz sin teléfonos de por medio, su presencia, sus latidos, su respiración, su andar, su sonrisa, su mirada… Es infinitamente más de lo que jamás soñé alcanzar. Y estoy orgullosa de poder decir que mi último suspiro, mi última sonrisa, mi última mirada, mi último abrazo y mi último beso fueron solo para él. Y también aquel mar de lágrimas que surgió de mis ojos nada más dejar de ver su solitaria espalda alejándose de mí… a saber por cuánto tiempo hasta el próximo encuentro.