domingo, 15 de enero de 2012

Time ago.

Recuerdo una escena que me enternece.

Debe hacer más de diez años que pasó, ¿no? Éramos pequeñas. Pero lo recuerdo con tal nitidez...


Nos miramos cómplices, sonreímos seguras de nosotras mismas, confiamos la una en la otra y... pasando entre la pista gris de baloncesto y las porterías pequeñas, a punto de atravesar la hilera de olivos para girar a la derecha y recorrer todo lo ancho del patio e ir a nuestra puerta de metal de siempre... justo entonces miramos al frente y nos dimos la mano.
Los niños y niñas de alrededor decían que éramos novias por darnos la mano, pero ni tú ni yo cedimos. Quiero creer que tú también, pero yo.. por lo menos yo.. caminaba orgullosa a tu lado.
Orgullosa de mi mejor amiga por aquel entonces.
Las cosas tomaron, al final, un rumbo diferente. Pero ahora, más de diez años después, nos reencontramos para retomar poco a poco ese hilo. Quizás no dándonos las manos, quizás no abrazándonos como locas. Cada una ahora tiene su forma de hacer, pero eso no cambia los sentimientos.

Y, si me permites decirlo en voz alta, me vuelvo a sentir orgullosa de caminar a tu lado, Andrea.

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