lunes, 26 de agosto de 2013

Limón y sal.

La mitad de mis comidas las acompaño con limón y sal. Si me sirven pescado, arroz, ensaladas, carne, verduras, patatas fritas... no importa, suelo echarles limón y sal. Pero la mitad de esas veces no lo hago porque me guste más así.
Empecé a echar limón y sal un día que vi que, mientras mis padres discutían en la mesa dándole a la comida un sabor amargo, echar limón y sal me invitaba a cantar una canción. Para mi sorpresa, esa canción paraba la discusión, sacaba una sonrisa a mis padres y a veces incluso la seguían o me pedían que acabara el estribillo. Y no discutían más.
Por eso ahora le echo limón y sal a casi todo.
Qué tontería, ¿verdad?


"Yo te quiero con limón y sal,
yo te quiero tal y como estás,
no hace falta cambiarte nada.

Yo te quiero si vienes o si vas,
si subes y bajas y no estás
seguro de lo que sientes."