jueves, 19 de enero de 2012

Reencontrarte..

Me gusta pensar que te he perdido, 
en la dolorosa hiel que corre por mis venas, 
en el desastre que sigue en mis noches desiertas, 
en la exquisita ilusión que se disipa como un río infinito.
Infinito, inmenso, inacabado...
Inacabables pesadillas que llevan tu nombre, 
irreales trazos de realidad sellados por tus besos.

Me gusta pensar que no te tengo 
y que tal vez nunca te tuve; 
que aún cerca, aún dentro, no eres mío. 
Pensar que este tacto, el haber estado en tu piel 
es doloroso pero reconfortante. 
Igual que pensar que este amor tan real e inmenso 
es tan vulnerable e inacabable.

Un final, un comienzo, un ilógico espiral donde voy cayendo, 
girando, sufriendo y aun así persiguiendo cada instante. 
Y muero... 
muero en ti, 
en aquellos ojos que me cautivan, en aquel reflejo ondulante 
como el agua, como tus besos... 
Besos que me consumen, 
atrapándome lentamente en ese eterno instante 
que, inevitablemente, me lleva a perderte de nuevo
en una chispa de luz, en un calor irreal 
que dura un solo instante y se va, 
una y otra vez, 
perderte una y otra vez.

Me gusta pensar que no eres mío y así 
añorarte y reinventarme para ti, 
para tus brazos, para buscar cada rincón de tu piel 
y ser tuya. 
Ser tuya, totalmente, en cada suspiro de mi alma, 
en cada ausencia tuya que me mata, 
en cada beso que me eleva, en cada… todo, y en cada nada... 
En la sensación de tocar el cielo con la punta de los dedos 
y mirar con curiosidad el infierno al que estoy destinada. 
Y encontrarte a ti antes, con tu aliento acariciando mi rostro, 
con las cadenas que me han sido impuestas 
y de las que no busco escapar 
porque me gusta que sean tus manos las que las cogen...

Me gusta cuando te pierdo, 
cuando no te tengo, cuando no eres mío, 
cuando me escapo de tus dedos y me entrelazas de nuevo a ellos 
y me regresas a ti y te encuentro, 
te tengo y te hago mío por un efímero instante, 
pero hacerme tuya ya es eterno. 
Y sé que tú también eres eterno, para mí, 
que eres todo y nada al mismo tiempo, 
y eso te hace dulce y doloroso, te hace suave y difícil.

Me hace perderte de nuevo 
y reencontrarte una vez más en este juego...


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