miércoles, 20 de junio de 2012

Cambio.

L: ¿Borraste la entrada?
X: Sí.
L: ¿Por qué?
X: No debí escribir eso.
L: ¿Pero por qué?
X: Va en contra de lo que se supone que quiero.
L: Que es...
X: Zanjar ya el tema.
L: Ah, claro...
X: Pues eso.
L: Es una lástima, un desperdicio. Tanto sentimiento junto... para ser prendido en llamas.
X: Para, por favor.
L: ¿Miento?
X: No es eso.
L: ¿Pues?
X: No quiero hablar más del tema. Zanjarlo, ¿recuerdas?
L: Bueno, borde.
X: Si no es así, no funciona.
L: Lo gracioso es que tienes razón.

domingo, 17 de junio de 2012

Nada.

Estaba de tu lado... pero ahora no quiero saber nada de ti.
Te llevaré a un psiquiatra, porque es que te has vuelto loco...

sábado, 16 de junio de 2012

One day too late.

Me pregunto cómo os las arreglaréis sin mí...
...porque, cuando me vaya, no me arrepentiré de haberos dejado ni volveré.

Seguid así...
Total, si algo no os sale bien es imposible que la culpa sea vuestra, ¿verdad? Eso sería demasiado...

jueves, 14 de junio de 2012

En un cofre...

Somos cinco. Él "trae" el dinero y yo cuido de todos nosotros. Los tres restantes, ahí están.
A veces pienso que soy la única adulta de todos los cinco y, maldita sea, aún soy una cría.

En algún momento de sus vidas, dejaron de saber quiénes y qué son, dejaron de respetarse y se olvidaron de quiénes somos nosotros.
Mientras tanto, aquí me hallo, sin saber apenas nada de la vida, sin saber cómo funcionan las cosas, sin experiencia y, a este paso, sin tener dónde caerme muerta, desesperada por sacar esto a flote, aunque sea sin ayuda ni apoyo.

Porque guardo dentro de un cofre cada empujón a traición, cada lágrima, y lo tiro al fondo del mar...
Porque les quiero.

sábado, 9 de junio de 2012

Bloodless.

[...]
—Todos creen que estás muerto. 
— No lo entiendes, ¿verdad? —Kote sacudió la cabeza, entre divertido y exasperado—. De eso se trata. Cuando estás muerto, nadie te busca. Los viejos enemigos no intentan ajustar cuentas contigo. La gente no te busca para que le narres historias —concluyó con mordacidad. 
Cronista no se rendía. 
—Según otros, eres un mito. 
—Sí, soy un mito —afirmó Kote con soltura, haciendo un gesto extravagante—. Un mito muy especial que se crea a sí mismo. Las mejores mentiras sobre mí son las que yo mismo he contado. 
—Dicen que nunca has existido —le corrigió Cronista con delicadeza. 
Kote se encogió de hombros, y su sonrisa se apagó un poco. 
Cronista, al detectar un atisbo de debilidad, continuó: 
—Algunas historias te retratan como poco más que un asesino sorprendido in fraganti. 
—También soy eso. —Kote se dio la vuelta y se puso a limpiar el mostrador de detrás de la barra. Volvió a encogerse de hombros, pero sin tanta indiferencia-. He matado a hombres y a seres que eran más que hombres. Y todos se lo habían ganado. 
Cronista sacudió lentamente la cabeza. 
—Las historias te llaman “asesino”, no “héroe”. Kvothe el Arcano y Kvothe el Asesino de Reyes son dos personajes muy diferentes. 
Kote dejó de limpiar el mostrador y se volvió hacia el escribano. Asintió sin levantar la cabeza. 
—Algunos incluso dicen que hay un nuevo Chandrian. Un nuevo terror en la noche. Tiene el pelo tan rojo como la sangre que derrama. 


[…] 
—Dicen que hubo una mujer… 
—¿Qué saben ellos? —dijo Kote con una voz cortante como una sierra—. ¿Qué saben ellos de lo que pasó? —Hablaba en voz tan baja que Cronista tuvo que contener la respiración para oírlo. 
—Dicen que esa mujer… —De pronto, las palabras de Cronista se atascaron en su garganta reseca, y se produjo un silencio artificial en la habitación. Kote estaba de espaldas, inmóvil, y apretaba la mandíbula. Su mano derecha, envuelta en un trapo blanco y limpio, se cerró lentamente formando un puño. 
A unos dos palmos de distancia se rompió una botella. El olor a fresas llenó la taberna junto con el sonido de cristales rotos. Fue un ruido pequeño dentro de una quietud enorme, pero fue suficiente. Suficiente para romper el silencio en pequeñas y afiladas esquirlas. Cronista se quedó helado al comprender, de pronto, lo peligroso que era el juego al que estaba jugando. “De modo que esa es la diferencia entre contar una historia y estar dentro de una historia —pensó como atontado—: el miedo.” 
Kote se dio la vuelta. 
—¿Qué sabrán ellos de esa mujer? —preguntó en voz baja. Al ver la cara de Kote, a Cronista se le cortó la respiración. La expresión plácida del posadero era como una máscara destrozada. El semblante que había debajo de esa máscara reflejaba una profunda angustia; sus ojos estaban en este mundo y en otro, recordando. 
Cronista pensó, sin proponérselo, en una historia que había oído. Una de tantas. Era el relato de cómo Kvothe había perseguido el deseo de su corazón. Tuvo que engañar a un demonio para conseguirlo. Pero una vez conseguido, tuvo que pelear con un ángel para conservarlo. “Es cierto —pensó Cronista—. Antes solo era una historia, pero ahora puedo creer en ella. Esta es la cara de un hombre que ha matado a un ángel.”


Págs. 69~71. El nombre del viento. Patrick Rothfuss.

sábado, 2 de junio de 2012

Fortuna.

¿Debo entender que tengo suerte de que no me odies? ¿Que tengo suerte de no haberte hecho nada malo? ¿Que tengo suerte de no ser una drogadicta ni una rebelde? ¿Que tengo suerte de ser callada y tranquila? ¿Que tengo suerte de haber sido la primera?
¿Eso debo entender, que me tratas así porque he tenido suerte? ¿Que podrías tratarme aún peor y no lo haces? ¿Ahora me toca arrodillarme y darte las gracias? ¿Quieres que te personalice una plegaria, que te rece, que te tenga en un altar? ¿Quieres que solo piense en ti y en darte todo lo que tengo y lo que no tengo también?

La suerte la tienes tú, una inmensurable y descontrolada suerte por tenernos a nosotros. Porque te aprecio, y es por eso que ahora estás donde estás, tan bien.
Y te odio profundamente a la vez. Te odio más que te aprecio. Por hacerle esto a ellos dos, por condenarnos mientras tú disfrutas. Estoy segura que sabes que esto no puede terminar, te aprovechas de sus sentimientos y los usas en tu propio y único beneficio, arrastrándonos a la ruina con tal de colmarte a ti de placeres.

Eres lo más frío y egoísta que jamás he conocido ni conoceré...
Y tantísimo me duele que creo que moriré por odiar tanto a alguien... que moriré de impotencia, de tristeza, de rabia, de dolor, de bondad por no hacértelas pagar como mereces.
Y a ti te daría igual...