Intentas expresar lo que sientes en un acto desesperado por lograr un poco de serenidad y desfogo interior a pesar de que sabes que eso no soluciona tus problemas. Lo intentas, lo vas escribiendo y... terminas borrando cosas que quizás no sea necesario que se sepan o insinúen. Vas borrando hasta que te quedas en dos frases que frustran lo que intentabas obtener al escribirlo.
Intentas hablar de lo que sientes, de cómo te sientes, de lo que quieres, pero... ¿a quién le importa, en realidad?
Es todo asunto mío. Soy yo la que tiene que solucionarlo y, como he dicho, no se soluciona por más desahogarte.
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